Ya lo cantaba Bertín: “Me gustan las mujeres, me gusta el vino”. Bajo esa misma premisa, pero con algo más de rigor y cariño histórico y sociológico, el historiador argentino Pablo Lacoste acaba de publicar “La mujer y el vino”, dentro de la editorial Caviar Bleu, que abre su línea dedicada a la vitivinicultura.

El libro, lejos de lo que planteábamos en tono de broma al principio de esta entrada, no es un alegato machista del fanfarrón amante de la buena vida, sino que pretende acabar de una vez por todas con esa asociación entre el vino y la masculinidad, y ofrecer mil y una razones por las cuales la viña y la mujer están íntimamente relacionados, y cuál es su trayectoria conjunta en la historia argentina antigua y reciente.

La historiografía tradicional consideró a la vitivinicultura en general una práctica masculina. Se suponía que plantar, cavar, podar y vendimiar era un trabajo exclusivamente masculino. Asimismo como elaborar y comercializar. Sin embargo con el avance de los años el universo vitivinícola ha experimentado cambios que han dado como resultado el esclarecimiento sobre la participación de los actores sociales, como categoría y como género. Pablo Lacoste partiendo de estudios de caso, nos ofrece en esta obra un análisis exhaustivo de la mano de la mujer en la viña, la bodega, la industria y el comercio, los cuales son de suma utilidad para comprender el universo del vino cuyano y guardar parte de la memoria histórica de una región que hoy brilla con luz propia en los mercados del vino.

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